La Caja de Petri

Donald Trump a la defensiva, es su peor enemigo

El jurado federal determinó que había suficientes elementos para soportar que el expresidente Donald Trump era responsable del delito de abuso sexual cometido décadas atrás en contra de la escritora y periodista E. Jean Carroll.

Después de tres horas de deliberación, seis hombres y tres mujeres ordenaron el pago a Carroll por $2 millones de dólares por abuso sexual y $3 millones por difamación.

De este juicio altamente difundido destaco cinco implicaciones que no solo se detienen en la arena político electoral que, dicho sea de paso, ya domina la agenda local de los Estados Unidos de América.

Primera. Trump, el eterno imán mediático.

Poco importa lo que haga, diga o deje de hacer, Donald J. Trump no es un fenómeno político, es un subproducto radioactivo de la cultura del espectáculo y de los tiempos posmodernos, en donde todo se vale y la verdad es una mercancía disponible al mejor postor.

No me detendré en llamar a cuenta las distintas interpretaciones del fenómeno Trump como ese apéndice natural de los populismos modernos. Mucha tinta ha sido derramada al respecto.

Lo que me interesa resaltar, es el fenómeno de atracción que ese personaje insolente y berrinchudo representa y repercute en la cultura política de este país. Lo he comentado en varios foros, Trump está resignificando, si no es que ya lo hizo, la definición del hombre de poder. Ha dejado de ser ese personaje capaz de imponer su voluntad a placer, por aquel que no tiene respeto por la ley y las instituciones y que, además, se sale con la suya.

Para decirlo en pocas palabras: Un hombre poderoso es hoy aquel que es capaz de burlar la ley y salir ileso. Al parecer, para no pocos esa es justamente su virtud y la fuente de su atracción.

Segunda. Se fractura la narrativa del hombre invencible.

En términos de imagen pública y, consecuentemente de rentabilidad política, este juicio representó la primera vez que vimos a un Trump a la defensiva.

Como niño de kínder a quien se le atrapa infraganti con las manos en la caja de chocolates y negando cualquier responsabilidad, así Trump al momento de desconocer a su víctima y negar su histórica y consabida actitud depredadora para con las mujeres a quien les ha puesto el ojo.

Ridículo ha sido el calificativo que más usaron quienes tuvieron la paciencia de seguir de cerca el juicio-espectáculo. Y si bien esa es una opinión que depende de los anteojos con que se vio dicho espectáculo, en los hechos registrados en el pietaje del juicio, queda poco lugar para la duda de que el bravucón oriundo de Nueva York no es efectivo en el arte de la retirada, todo lo contrario, se vio obligado a cometer errores y a perder el control.

Tercera. Una medalla más para su casaca roja.

Analistas de medios tanto progresistas como conservadores, e inclusive varios académicos de respetadas universidades, señalan que este fallo legal está lejos de descarrilar las aspiraciones presidenciales de Donald Trump, todo lo opuesto, es una medalla más en su pecho.

Para su fiel base de seguidores, este es un motivo más para redoblar esfuerzos y respaldar a quien consideran su único interlocutor. Para ellos, todo el andamiaje del sistema legal de los Estados Unidos de América está bajo sospecha y en su contra.

Eso quedó más que demostrado con los $4 millones de dólares en donaciones que recibió uno de los comités de su campaña. Es sorprendente que esta cantidad se registró en tan solo 24 horas después de que en marzo se anunciara una de las acusaciones.

De acuerdo con los registros públicos disponibles, las acusaciones a Trump muestran que tienen un efecto vigorizante que fortalece sus vínculos con sus seguidores y marca una distancia con respecto de cualquier aspirante republicano.

Al corte del mes de abril, Donald Trump ha reunido alrededor de $18.8 millones de dólares, la gran mayoría de ellos a través de su comité para recabar fondos conocido como: Save America Joint Fundraising Committee. Ninguno de los aspirantes republicanos está cerca de reunir esa cantidad.

Cuarta. El partido republicano está cautelosamente dividido.

Hay que dejar en claro que no es lo mismo la base “trumpista” que la estructura del partido republicano. No necesariamente se comparten los mismos intereses y las formas de hacer política. La base MAGA (Hacer a América Grande de Nuevo, por sus siglas en inglés) es, por principio, más estridente y militante de una guerra cultural de la cual no participan muchos políticos republicanos.

No hay que olvidar que la política en este país esta reconstruyendo sus liderazgos y el partido del elefante no es la excepción. En este proceso de redefinición y desde que Trump llenó ese vacío que ningún político republicano se atrevió a hacerlo, la estructura del partido republicano se divide en tres grupos: Los que con su silencio guardan distancia, pero no rompen con el político más influyente que hasta hoy tienen; los que buscan abrevar de su base electoral y no solo lo apoyan, sino que en ocasiones se comportan como grotescas y baratas réplicas y, los que sin estridencia muestran su descontento.

Para tomar la temperatura a los posibles efectos que el fallo por abuso sexual ha tenido en la estructura del partido republicano, aquí comparto algunas de las reacciones para que saquen sus propias conclusiones.

 

 

Político republicano Opinión
Senador por Dakota del Sur, John Thune. “La gente va a tener que decidir si quieren lidiar con todo el drama”
Senador por Texas, John Cornyn “Tú no puedes ganar una elección nacional (general) solo con tu base”
Ex gobernador de Arkansas y actual aspirante a la candidatura presidencial. Asa Hutchinson.  

La mujer fue la víctima”

Ex gobernador de New jersey, Chris Christie “Las negaciones de Trump, son ridículas”
Ex vicepresidente, Mike Pence “No puedo comentar sobre un juicio de un caso civil”
Ex gobernadora de Carolina del Sur y actual aspirante a la candidatura presidencial, Nikki Haley. “Debemos de enfocarnos en lo que la gente está diciendo”. Refiriéndose a los temas de inflación, educación y la frontera con México”
Empresario y aspirante a la candidatura presidencial, Vivek Ramaswamy “Si el acusado no fuera Donald Trump, no estaríamos hablando de esto hoy. Es más ni siquiera habría una demanda”
Senador por Alabama, Tommy Tuberville Con el veredicto que determina a Trump culpable por abuso sexual “hace que quiera votar por él dos veces”.
Senador por Florida, Marco Rubio. “El jurado y este caso, es una broma”.

 

Quizá, el comentario que representa mejor el sentir de la nomenklatura republicana es el de Mitch McConnell, senador por Kentucky, quien a pregunta expresa de un reportero se concretó a ignorarlo y olímpicamente evadir la respuesta.

Yo no descarto el efecto acumulativo que eventos como este tienen, principalmente en aquella parte del electorado que ya está harto del drama.

Sin embargo, el partido republicano es un animal distintito. Estos hechos podrían ser utilizados en las elecciones primarias republicanas para definir candidato. Pero si cercana la fecha a los debates entre precandidatos la popularidad de Trump se mantiene y su contrincante más cercano está a dos dígitos de distancia en las preferencias del votante rojo, es altamente probable que este evento se mencione de manera superficial y más bien tímida. Para nadie es un secreto el espíritu vengativo del empresario, influencer y político.

Quinta. La guerra que no se ve.

Este es el aspecto que más me preocupa. Desde finales de la década de los sesenta, los movimientos contraculturales abrieron, a punta de tomar las calles y de mucha sangre, los accesos a derechos que una sociedad conservadora negaba sistemáticamente a reconocer. Quizá el derecho al voto de la mujer y el combate a la segregación racial, fueron los más emblemáticos.

Sin embargo, con los movimientos Black Lives Matter, Me Too, los efectos post pandemia y la decisión de la corte que revirtió el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos, estas disputas no solo han radicalizado y trasladado sus narrativas a la arena política, sino que además están enfrentando una resistencia conservadora más organizada y persistente. Ya hablaré con más detalle de ello en una siguiente entrega en la Caja de Petri.

Regreso al caso Trump. Este país esconde una grieta cultural que se alimenta del odio polarizante del discurso político y ocupa espacios sociales aparentemente inocuos como los salones de clase. En este ambiente en donde todo, subrayo el todo, es un juego suma cero, los efectos del fallo en contra de la conducta abusiva del expresidente son leña seca para atizar el fuego de las polarizadas posturas.

Para unos, esta es una victoria contundente, un paso más para eliminar esa masculinidad tóxica que tanto daño ha causado. Para otros, esta es una inequívoca señal de que la masculinidad del hombre fuerte y proveedor debe ser rescatada y defendida a ultranza.

A manera de cierre.

Permanecer o, mejor dicho, jugar a la neutralidad en este tipo de situaciones siempre me ha parecido una postura digna de pusilánimes. Actitudes como las señaladas en este juicio deben ser denunciadas y perseguidas. Pero no basta con ello si las condiciones culturales que las fomentan siguen intactas.

Sin embargo, advierto una radicalización que raya en fanatismo. Estados Unidos no es el único país en donde organizaciones sociales han expuesto la actitud de cacería de brujas que predomina en algunos líderes y movimientos que buscan exterminar eso que identifican como conductas masculinas, a costa de lo que sea.

Desde ese lugar, en este país solo se alimenta la reacción de un conservadurismo que lleva mucho más tiempo con las riendas de la represión en la mano. Al final del día, el choque de trenes siempre termina en desastre.

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