La Caja de Petri

La tormenta perfecta: Primer año del Presidente J. Biden.

Edgar Rodríguez G.

Es la economía, estúpido.

Esta frase acuñada por un asesor del presidente Clinton en su exitosa campaña presidencial de 1992, ha servido de referencia para medios de comunicación y opinión pública  para medir el desempeño del presidente en turno.

A un año de haber tomado control de la Casa Blanca, y de acuerdo con datos oficiales e información de centros académicos y medios de comunicación, las cuentas del presidente Biden en materia económica indicarían que inició con el pie derecho el camino a su reelección:

  • Reclamos de beneficio de desempleo reporta los niveles más bajos desde la década de los 60’s
  • Generación de empleo, 6.4 millones durante 2021 (2021) son los más altos registrados desde 1940.
  • Tasa de desempleo cae debajo del 4%, una caída histórica respecto al 6.2% que el presidente Biden heredó.
  • Índice S&P 500 registró 70 récords de incrementos (el presidente Trump tuvo 62), terminando en un incremento promedio del 29%.
  • Índices Dow Jones y Nasdaq reportaron un 19% y 21% de incremento respectivamente.
  • Economistas prevén un ritmo rápido de crecimiento no visto desde 1984.

 

El otro lado de la moneda.

Estados Unidos es un país acostumbrado a construir legitimidad a partir de datos respaldados por instituciones que considera creíbles.

Este es el caso de las encuestas al desempeño del presidente en turno, que inician en la década de los 50’s durante la guerra fría, con el presidente Truman. Esta forma de evaluar y exponer al escrutinio público qué tan bien el presidente  está llevando su gestión, opera como el termómetro de la popularidad del ocupante de la Casa Blanca y por lo tanto, de sus posibilidades de incrementar capital político y reelegirse.

En el caso del presidente Biden, la cosa no pinta bien. Sus índices de aprobación comenzaron relativamente fuertes en 57%, pero para septiembre del 2021 se habían desplomado a 43%. De acuerdo con Gallup, su primer año en el cargo, registró un índice de aprobación promedio del 48,9%.

La última encuesta de la misma casa encuentra que el 40 % de los adultos de EE. UU. aprueban el trabajo que Biden está haciendo. Esta es la cifra más baja que ha registrado hasta la fecha. Lo que debe quitarle el sueño, es la tendencia negativa que aparenta ser irreversible.

Entre los presidentes posteriores a la Segunda Guerra Mundial elegidos para su primer mandato, solo Donald Trump tuvo una calificación promedio más baja en el primer año, con un 38,4 %. El promedio de primer año de Bill Clinton fue similar al de Biden, pero todos los demás presidentes de primer año promediaron 57% o más.

De acuerdo con analistas y expertos, si el presidente Biden no logra levantar entre 5 y 10 puntos sus niveles de aprobación en los próximos meses, el resultado de las elecciones intermedias se inclinará de una forma desfavorable para los demócratas.

 

¿Qué explica la tormenta perfecta?

A partir de esta tendencia, medios de comunicación tradicional y medios sociales han construido una narrativa que muestra un presidente débil, un líder disminuido que, en cada reto, pierde puntos de aprobación. Inclusive, se afirma que no hay un presidente sino un senador más en la Casa Blanca.

Dados los resultados económicos de su administración, entonces cabe preguntarse ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué éstos no son tomados en cuenta? ¿Qué tan débil está realmente el presidente Biden? ¿Cómo afecta esto a las elecciones intermedias y a su reelección?

 

Diez factores para entender la tormenta perfecta.

  1. La cultura como eje: entre la imagen del presidente fuerte y una guerra de secesión que no se terminará.

La sociedad estadounidense abrazó el sueño de la superpotencia de finales de la segunda guerra mundial y recibió un “booster” de esteroides con la caída del muro de Berlín. En su imaginario colectivo, la cultura de este país no tiene espacio para compartir liderazgo.

Su etnocentrismo se traslada, por supuesto, a la figura del presidente. Alguien que parece débil, no refleja los estándares y requerimientos del imaginario colectivo. El líder de una de las naciones más poderosas del mundo puede cometer casi cualquier pecado, menos el de la fragilidad. Para el hombre de a pie, el presidente Biden no es un ícono de fortaleza.

A ello hay que agregar el fantasma segregacionista. A pesar de décadas de esfuerzos de corrección política, el racismo y la segregación económica y cultural es una realidad que aún persiste. A los tradicionales grupos marginados se sumaron aquellos desplazados por las bondades de las políticas neoliberales.

Son estos grupos enraizados en las poblaciones de trabajadores que representan la mano de obra desplazada, en donde se encuentra el voto duro del presidente Trump. En este segmento hay una gran simpatía por la narrativa del supuesto robo de las elecciones presidenciales. Así, su movilización anti Biden y anti partido demócrata, vislumbra la posibilidad de recuperar un derecho que desde su opinión, les fue arrancado.

Para complicar aún más las cosas, han cobrado fuerza los colectivos extremistas que reúnen el sentimiento racista y el de revancha en una sola causa: la libertad de hacer lo que venga en gana. Para ellos, nada ni nadie, está por encima del capricho individual.

Representantes como QÁnon, los Proud Boys y los Antivaxers han mostrado una capacidad de organización pocas veces vista desde el KKK y han hecho valer su voz, inclusive si para ello se requiere tomar el Capitolio.

Aunque sería incorrecto afirmar que se trata de grupos leales al expresidente Trump, de lo que se puede estar seguro es que, en los eventos de insurrección del 6 de enero, enseñaron al mundo que se movilizan, tienen recursos, y que están organizados y dispuestos a apoyar a quien encarne la figura de ese líder que tanto añoran.

 

  1. Error de cálculo.

Los grandes proyectos presidenciales requieren grandes números en el Congreso, principalmente votos en el senado. De acuerdo con los procedimientos establecidos, es necesario contar con por lo menos 60 votos para aprobar las iniciativas de ley que llegan a este espacio delpoder legislativo.  Se requiere entonces lograr un capital político de estas dimensiones para que un presidente tenga el apoyo que requieren sus iniciativas de ley.

El capital político de Biden y los demócratas en el senado arranca con un empate técnico con su contraparte republicana. Su frágil mayoría descansa en solo un voto (Kamala Harris). Estamos hablando de una mayoría más bien, ficticia.

Desde finales de año hasta la fecha, la ambiciosa propuesta de la administración Biden para regresar a los EEUU al camino del liderazgo, mejor conocida como la iniciativa de ley «Build Back Better Bill, (2 Trillones USD)», ha encontrado una firme oposición de la camarilla republicana que ha puesto a los legisladores demócratas contra la pared y en un escenario de permenente desgaste.

La misma suerte enfrenta la iniciativa «Voting Rights Bill», que pretende evitar el secuestro de la democracia dados las últimas modificaciones de leyes locales electorales en estados con Congresos de mayoría republicana (hasta la fecha se han modificado leyes elctorales en 19 estados). Dichas leyes, inclinan a favor de la causa republicana los procesos de registro, envío, conteo y certificación de votos.

Para lograr pasar las anteriores iniciativas presidenciales en el senado sin requerir los 60 votos, los demócratas necesitan una modificación que permita una mayoría simple (51 votos) y para lograrlo, es necesario eliminar o suspender una figura protocolaria conocida como el “filibustero”.

No se prevé que eso ocurra. La tozudez mostrada por los senadores demócratas Manchin (W. Virginia) y Sinema (AZ) quienes no se han sumado a la voluntad del grupo demócrata, ha expuesto lo frágil de esta mayoría ficticia.

Hasta el momento de escribir esta nota, los líderes de la mayoría demócrata en ambas cámaras no han logrado aglutinar la cantidad de votos suficientes para sacar adelante dichas iniciativas. De continuar las cosas como están, todo indica que éstas quedarán en el olvido.

 

  1. El circo del partido demócrata.

Divididos entre facciones ideológicas y deudas históricas para con sus bases de apoyo, los demócratas han apostado mucho tiempo y recursos en perseguir sus propias agendas para cumplir con su base electoral, y consecuentemente, han dejado a un lado su comportamiento en bloque para apoyar al presidente.

La paradoja que enfrentan es similar a la disyuntiva del huevo o la gallina. ¿Qué es más relevante? apoyar en bloque la agenda del presidente Biden y con ello tener posibilidades no solo de mantener sino aumentar la ventaja en las elecciones intermedias (Nov 2022) o, cumplir con los compromisos de campaña (Cambio climático, Seguridad Social, Migración) a como dé lugar, para responder a los colectivos y grupos que votaron por ellos en las elecciones presidenciales del 2020 y así evitar que desde sus estados, se cuestione su desempeño y en el peor de los casos, muchos de ellos no repitan en el cargo.

Esta situación se agrava conforme nos acercamos a las elecciones de noviembre, pues en la medida que transcurre el tiempo, aumenta la exigencia de colectivos que reclamarán hechos concretos a sus representantes demócratas y como consecuencia, eleva la importancia de la agenda local vs la federal. La falta de apoyo de colectivos activistas afroamericanos durante el discurso del presidente Biden en el aniversario de M. Luther King, fue una muestra de ello.

 

  1. La sombra de Trump.

Al expresidente hay que reconocerle un gran logro político: la narrativa de la sospecha de fraude electoral ya forma parte de la psique, tanto de una buena parte de legisladores republicanos, como de la casi totalidad de su base de apoyo y sobre todo, de ese sector no menor de la población que aún entiende el país entre yanquis y confederados. Para ellos, el mal tiene el rostro del comunismo y el bien, por supuesto, es representado solo por el pensamiento conservador representado hoy por el elefante republicano.

Esta no verdad instalada a punta de propaganda y fake news, está amasando grupos de simpatizantes a la causa MAGA (Make America Great Again) que se han inscrito para ocupar cargos burocráticos en los organismos electorales locales.

Trump entendió como pocos que, quien cuenta y certifica los votos, es ahora tan importante como el candidato mismo. Aquí lo delicado: si quien cuenta y certifica el triunfador de una elección es militante o simpatizante de la narrativa de Trump,  con mucha probabilidad asumirá que todo demócrata no es digno de confianza y, por lo tanto, su probale triunfo en las urnas será cuestionado.

En este escenario, las condiciones estarían dadas para desconocer los triunfos electorales de aquellos que no simpaticen con la leyenda del fraude electoral del 2020. La democracia quedaría amenazada desde el menor engrane de la burocracia electoral estadounidense.

Pero también la sombra de Trump se encuentra en la dificultad procesal y jurídica de deshacer sus iniciativas de ley. El expresidente firmó solo en su primer año más de 100 iniciativas. Revertir lo hecho por él no es un asunto que se resuelve en un discurso. Por lo tanto, la marcha de la administración Biden tendrá que transitar por lo menos un par de años, en un camino con peldaños  puestos por su antecesor.

 

  1. La Suprema Corte de Justicia, también juega.

Con un período máximo de duración de 18 años, un miembro de la suprema Corte de Justica solo puede ser removido de su cargo por dos vías: voluntad propia o juicio político. Para efectos prácticos esta es la hechura más sólida del presidente Trump: Una suprema Corte de Justicia de corte conservador que ya ha bloqueado un par de iniciativas de Ley del presidente Biden: Sus mandatos de gestión de pandemia (vacunas obligatorias) y la contra orden a la política de Trump “Remain in Mexico” o MPP (Migran Protection Protocols). Poca efectividad tienen entonces los amarres políticos que se hacen en el Congreso, si la Suprema Corte de Justicia no ve con buenos ojos lo que sale del escritorio de la Casa Blanca.

 

  1. El bloque republicano.

Los principales responsables de la inoperancia en el Congreso están encabezados por la resistencia y capacidad de maniobra política del Senador Mitch McConnell (KY) y de buena parte de los grupos de senadores republicanos que buscan aprovecharse del aún vigente carisma del expresidente Trump. Oportunistas como el senador por Texas, Ted Cruz son una clara muestra de esto.

A pesar de que en los republicanos también hay fracturas y subgrupos, su división no es tanto ideológica o de principios, más bien de simpatías con el expresidente. El partido republicano está bordado a mano por el conservadurismo para responder a una sola cosa: contener la presencia del estado.

En este bloque conservador también opera de manera efectiva la resistencia desde las trincheras. Los gobernadores y legisladores estatales conservadores han reaccionado con la táctica de una guerra de guerrillas. Cada iniciativa del presidente Biden no queda sin respuesta. Las demandas y contraórdenes por la gestión de la pandemia en el uso cubre bocas y vacunación obligatoria en oficinas públicas, son un ejemplo de ello.  Los estados de Florida y Texas, han sido el niño del póster de esta resistencia local.

Pare efectos de su estrategia electoral, la resistencia republicana ha sabido desviar el interés de la opinión pública hacia el desaseo demócrata y no hacia su férrea resistencia y oposicion a casi todo.

 

  1. ¿Y La inflación a pa’?

La falta de mano de obra y los cuellos de botella en las cadenas de abasto a nivel global, han sido identificados como dos de los principales culpables de la inflación en todo el planeta.

En el caso de Estados Unidos, durante 2021 los precios al consumidor se dispararon hasta llegar a sus niveles máximos en casi cuatro décadas, golpeando el poder adquisitivo de las familias estadounidenses y preparando el escenario para que la Reserva Federal comience a subir las tasas de interés a partir de marzo de este año.

El índice de precios al consumidor subió un 7% en 2021, la mayor ganancia en 12 meses desde junio de 1982, según datos del Departamento de Trabajo publicados la segunda semana de enero.

La inflación ha sido el principal “driver” del estado de ánimo de los consumidores,  de los votantes y lo está siendo de la prensa y los principales sitios de información. Esta es una de las principales varas con las que se está midiendo la capacidad de actuación de la administración Biden. El aumento de precios al consumidor está opacando cualquier acierto de política económica.

 

  1. La variante Omicron es responsabilidad de Biden.

La gestión de la pandemia fue el Waterloo del presidente Trump, y la gestión de Omicron lo está siendo para el presidente Biden. Según datos del CDC (Centro para el Control d enfermedades, por sus siglas en inglés) esta variante del virus es responsable del 95% de los nuevos casos de contagio en Estados Unidos.

Con los contagios al alza, analistas políticos que cubren la fuente de Washington y la opinión pública en general, coinciden en señalar que la gestión de esta variante es responsabilidad absoluta de la actual administración y eliminan el factor sorpresa como excusa. Según ellos, la estrategia para enfrentar esta variante ha sido una tardía respuesta para fortalecer la infraestructura de pruebas Covid-19 y una falta de contundencia y claridad para enfrentar la diseminación de contagios.

Si a ello sumamos que de acuerdo con información y datos de encuestas que circulan desde agosto del 2020, más de un tercio de la población de los Estados Unidos no se vacunará, entonces ya no caben las estrategias de contención, se trata del diseño de una política pública que acepte que vivir con contagios, será la norma. Aceptar esto públicamente, es equivalente a poner un clavo más al ataúd.

 

  1. Dudas del liderazgo internacional.

Acercarse a la UE para reconstruir tejido con los aliados de la OTAN y regresar a los acuerdos internacionales de cambio climático, no ha sido suficiente para devolver ese tufo de sólido liderazgo que la nación estadounidense demanda de su líder.

El retiro de tropas de Afganistán y los frentes con China y Rusia, han operado como un continuo recordatorio para las expectativas de ese amplio sector de la población que se quedó dormido en los sueños de la guerra fría, que Biden está lejos de ser Ronald Reagan.

 

  1. Cuestionado el valor de la marca Biden.

Las elecciones intermedias que se celebrarán el 8 de noviembre dominan ya la conversación política local. Se trata de elegir a los 435 miembros de la Cámara de Diputados (House of Representatives), 34 de los 100 senadores y 36 gobernadores entre otros cargos estatales de elección popular.

En todo el movimiento político que ello desata, no es un dato menor que las estrategias de comunicación de algunos candidatos del partido demócrata como el caso de Virginia y Texas en las elecciones para gobernador, estén marcando una prudente distancia de la figura del presidente Biden.

Si bien aún no hay evidencia para pensar que existe una pérdida de atracción para presentarse como una figura cercana o por lo menos alineada, con la visión presidencial, esta prudencia indica que los candidatos demócratas tratarán de evitar que el 40% de aprobación del presidente Biden también los arrastre.

 

En mi última intervención en el espacio radiofónico al que amablemente me invita el periodista Mario Campos en Radio IBERO 90.9 FM, afirmé que ante este panorama las posibilidades de reelección del presidente Biden era nulas. Error. En política solo se está descartado cuando el médico correspondiente levanta el acta de defunción.

Si bien por el momento hay poco que invite a ver el vaso medio lleno, faltan largos nueve meses para que ocurran cosas. En proceso está la investigación por fraude del clan de los Trump. Además, ejemplos de presión desde la base de las organizaciones partidistas locales hacia sus representantes federales, muestran que el equilibrio de fuerzas puede cambiar de un momento a otro.

Por lo pronto, se espera que la administración Biden defina las prioridades y, sobre todo, las comunique. Esa es su área de oportunidad más clara, reescribir su narrativa y difundirla.

 

Imagenes:

  1. Drew Angerer/Getty Images
  2. Gallup
  3. Newsweek
  4. Napa Florida Weakley
  5. Plante/caglecartoons.com
  6. The Wrap
  7. CNBC
  8. The Buffalo News/ caglecartoons.com
  9. The Wall Street Journal
  10. abc 13 News
  11. The Telegraph
  12. Ballotpedia

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