Turbamulta

El desprecio por la ciencia

No queremos creadores de bombas atómicas, sino de fraternidad.

—Andrés Manuel López Obrador

Creo que esta frase dicha por el presidente pude resumir en gran manera una forma de pensamiento que ha permeado en algunas capas de la sociedad y en muchas ideologías: una especie de desprecio por el conocimiento, como si este fuese malo, pervertidor o causa de penas y problemas.

Uno más de los desprecios generados desde la cúpula. Parte de una lista que comenzó con el desmantelamiento del CONACyT, por las duras críticas a los que osan buscar becas en el extranjero, hasta el continuo golpeteo a personas con estudios superiores (en cualquier área).

Un ataque más a ciencia, esa gran incomprendida. Gente que mira el retrato de Einstein y lo tacha de malvado por la dichosa bomba atómica, como si él personalmente la hubiera lanzado sobre Hiroshima.

Una muestra de la gran falta de conocimientos sobre un tema que, para cualquier país, debería de ser toral.

Para crear una bomba atómica es necesario tener profundos conocimientos de física y la forma en que esta trabaja. Conocer a fondo el comportamiento de la materia y la energía luego de haber llevado cientos de horas de cursos muy avanzados que, por cierto, también deben de incluir matemáticas de muy alto nivel.

Para crear una bomba atómica es necesario tener grandes conocimientos en muchas áreas.

De hecho, para dominar cualquier rama de las ciencias duras es necesario un esfuerzo de muy alto nivel; gente que en muchos casos sacrifica familia y vida social en aras de ampliar el conocimiento de la humanidad, de entender más este universo que nos rodea, de crear nuevas ideas…

…no nada más una bomba atómica.

Las armas nucleares (está mejor dicho así) son tan solo una de las consecuencias de varios siglos de trabajo y observación del funcionamiento de nuestro universo. Fue gracias a la comprensión de sus más básicas fuerzas que pudimos entender muchos fenómenos, desarrollar nuevos campos. De la misma manera estos nuevos conocimientos también trajeron dudas aún más profundas.

Entre más conocemos, más nos damos cuenta de que ese conocimiento es muy pequeño.

Una de las grandes interrogantes, generadas normalmente por los zánganos encargados de redactar leyes, es la de «¿para qué sirve la ciencia?» Buscando en esta, de manera infructuosa, una utilidad específica, como si de un puesto de muéganos o un emprendimiento de gomichelas se tratara.

No. Es muy difícil buscarle una cifra de retorno beneficio a la ciencia, es imposible en la práctica, sin embargo, sus resultados siempre han sido más que claros y obvios. Han sido espectaculares en todos los sentidos.

¿Estás leyendo esto? Es gracias a la ciencia.

Es gracias a los mismos científicos que desarrollaron una bomba atómica, los viajes espaciales, las computadoras, los equipos médicos, las comunicaciones instantáneas, una mejor producción de alimentos así como un etcétera muy pero muy largo.

Presumen de querer ser autónomos y autosuficientes en rubros de energía y suministro alimenticio, pero denuestan a la ciencia, la única forma con la que podrían alcanzar sus sueños de opio.

Decir que no queremos constructores de armas atómicas es aceptar de manera implícita que la ciencia ni la entendemos, ni nos interesa hacerlo. Significa depender, para siempre, de aquellos que si la entienden y la aprovechan.

Ellos van a construir las estaciones espaciales, los smartphones; van a desarrollar la producción de energía barata así como las fuentes alternativas de producción de alimentos. Literalmente, cientos de muchas otras maravillas que acá no nos atrevemos a soñar…

…nosotros nos vamos a quedar con los caballitos de trapiche, los generadores de combustóleo y la agricultura de autoconsumo.

Me niego a aceptar que ese es el futuro mi país.

Por cierto… ¿así quieren regentear una agencia espacial latinoamericana?

Foto de Hal Gatewood en Unsplash

Armando Reygadas
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio AM; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s y participo en varias publicaciones como Reseñando.com y Conexionistas.com.mx donde tenemos un podcast.

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