Turbamulta

La mercadotecnia de la conspiración

Creo que esto ya no es una noticia, aunque por ahí existen quienes aún les agarra por sorpresa el increíble hecho de que existen personas que afirman, de manera categórica, que la tierra es plana.

Es correcto, no importan siglos de progreso científico y tecnológico, que griegos, romanos, renacentistas y científicos victorianos hayan demostrado de una y mil maneras de que vivimos sobre una enorme esfera que gira sobre su propio eje y que a su vez lo hace alrededor del sol.

Existen personas que tienen la seguridad de que sus existencias transcurren sobre un enorme disco, un hotcake, una enorme tortilla cósmica que de alguna forma flota en el espacio. La idea de que sea una esfera es producto de las malvadas élites que han gobernado la tierra desde épocas inmemoriales, una especie de conjura que incluyen desde los francmasones e illuminati y que llega hasta lo más delirante posible: fuerzas de la ONU que protegen la pared de hielo que delimita dicha pizza celestial para que los pobres y engañados humanos no puedan conocer la realidad.

De la misma forma la NASA y otras entidades gubernamentales pagan cada año trillones y trillones de dólares para comprar la conciencia de científicos, pilotos aviadores, ingenieros con teodolito, marinos, astrónomos aficionados y técnicos especializados en Photoshop para mantener el engaño. Para no decir la realidad sobre nuestro mundo y producir material que nos mantenga con la venda en los ojos.

Tal es el caso de los programas espaciales: mediante efectos cinematográficos crean toda una narrativa de exploración espacial con horas, horas y más horas de metraje producido por computadora para simular despegues, aterrizajes, amarizajes, alunizajes y demás viajes posibles alrededor del supuestamente curvo planeta.

¿No han visto Star Wars? ¿Qué tan difícil puede hacer lo mismo con naves que parezcan verdaderas?

Uno ve a los terraplanistas y lo primero que le viene es lástima. ¿Qué tanto miedo y desconfianza puede tener una persona al gobierno y al sistema establecido para pensar que pueden urdir una trama de ese calibre?

Tal vez el tema sea otro muy diferente: ¿dónde pudo haber estudiado para tener un concepto tan frágil y leve de la ciencia y de la importancia que ha tenido esta para sacarnos de las cavernas de la prehistoria y de las mazmorras medievales para llevarnos al mundo de YouTube, Facebook o TikTok?

Realmente puede ser muy preocupante pensar que existen personas tan simples que no tienen la capacidad para aceptar una explicación de este corte debido a que “no coincide” con su forma de pensar, su cosmogonía o simplemente, a lo que le informan sus sentidos.

El simple hecho de que haya tantos canales de YouTube y tantas cuentas en redes sociales nos hacen pensar seriamente sobre lo que le debemos a la sociedad en tema educativo.

¡Es patético!

Y es que las redes sociales se encargaron de transformar lo que era una simple secta marginal en todo un movimiento gracias a su fuerza y penetración.

Los terraplanistas comenzaron las comenzaron a utilizar, en particular la plataforma de YouTube, para promover sus ideas. Gracias a su gran afluencia no tardaron en poner a trabajar el algoritmo en su favor.

Lo peor de todo el asunto es que, desde el punto de vista de “likes” y videos vistos, los terraplanistas resultan una magnífica noticia para las plataformas. Huestes de fanáticos dando clic de forma obsesiva en búsqueda de “esa verdad” que nos oculta el malvado gobierno mundial.

Comenzaron a subir videos explicando sus delirantes ideas y así generaron un público cautivo que fue atraído a más videos similares gracias al dichoso algoritmo que hacía sugerencias para ver nuevos videos. Sin proponérselo o desearlo, YouTube se transformó en una auténtica feria de las ideas más alucinantes sobre el tema generando un círculo vicioso: entre más videos se miraban sobre el tema, más propuestas de nuevos contenidos realizaba.

¡YouTube se transforma en el principal promotor!

Algunos estudios han demostrado que los seguidores del terraplanismo llegaron ahí por casualidad, luego de ver otro tipo de material conspirativo. Al finalizar un video, el sistema les sugirió los especializados en el tema y no tardaron en enganchar para así transformarse en la legión que ahora forman.

Además, han encontrado en estas plataformas la compañía de los semejantes que la realidad les negaba: una persona con este tipo de creencias no es precisamente la más popular en su círculo social.

Este tipo de creencias tienden a aislar de amigos y parientes que tachan de “loco” a quien las exhibe. De esa manera, los videos en YouTube no sólo refrendan las creencias, sino que también son una puerta para acceder a comunidades compuestas por chalados con creencias semejantes.

Rompe la sensación de soledad.

A pesar de correr el riesgo de que YouTube me muestre en sus sugerencias este tipo de videos por el resto de mi vida, hice una pequeña exploración en los canales dedicados al tema para descubrir ciertas realidades:

Por ejemplo, un YouTuber español al que fascinan las teorías conspirativas, de nombre Oliver Ibañez, tiene unos números exorbitantes. Prácticamente todos sus videos superan las 250 mil vistas y uno de estos llega a los 7 millones. ¡El sueño húmedo de cualquier agencia de márketing digital!

La pregunta aquí es: ¿cuánto está ganando este pequeño YouTuber cuyo máximo logro es decir que la tierra es plana, la luna un pequeño foco en el cielo y que el mundo está regido por élites malignas?

Por la forma en que paga YouTube podemos aseverar que Ibañez se ha hecho de una muy buena forma de vida machacando con sus delirantes ideas.

Ese nivel de vistas en un canal es ideal para la plataforma; más visitas y más tiempo para mostrar anuncios. Estoy seguro de que más de dos salivan cada vez que ven estos números.

Luego de las elecciones de 2016 en Estados Unidos surgió una gran demanda sobre limitar a quienes se dedican a propagar fake news y teorías de la conspiración. Las principales, entre ellas YouTube, se comprometieron a hacerlo y, al parecer, existe un cambio en la tendencia. Según reportan algunos medios, los cambios de Google a principios de 2019 hicieron que los clics en dichos videos cayeran hasta un 67 por ciento.

Aunque parece ser que esta tendencia de toparse con videos que propagan sinsentidos ha disminuido, eso no significa que los que están lucrando a lo grande con ellos hayan disminuido su audiencia. Esta se mantiene grande, fuerte y creciendo gracias a su (malhabida) reputación.

Los fanáticos siguen llegando en cantidades ingentes a “informarse” sobre estos temas y lo peor es que no es nada más sobre terraplanismo sino también de muchos otros temas potencialmente peligrosos.

Los cuestionamientos aquí son:

¿Vamos a dejar que sean las plataformas las encargadas de educar en temas de este tipo?

¿Están realmente interesadas en evitar este tipo de actividad?

Armando Reygadas
Viví la revolución digital en carne propia; di mis primeros pasos en medios tradicionales impresos y la radio AM; desde ahí salté a Internet. Comunicador especializado en tecnología, redes sociales, medios digitales y marketing en línea; me dedico a la ‘blogueada’ desde los 90s y participo en varias publicaciones como Reseñando.com y Conexionistas.com.mx donde tenemos un podcast.

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